POLÍTICAS DE LA MEMORIA. MEMORIA DE LA POLÍTICA

[Punto en común de los 3 temas: dar cuenta de la experiencia vivida en tiempos pasado, presente y futuro.]

Necesidad de pensar que l apolítica de la memoria no es un final, sino algo a tener en cuenta durante el proceso.

Vivimos un tiempo raro, con Occidente obsesionado por la memoria desde los 80’s (tuvo que verse en TV la serie “Holocausto” para que la ente empezara a pensar en el holocausto). Paradoja: imperativo moral de recuperar el pasado, y por otra parte se da un fuerte presentismo; necesitamos recordar de forma convulsiva. >> esto es extraño, porque las sociedades progresistas suelen querer mirar hacia delante, no hacia atrás en el tiempo.

Sociedad extraña en la que experimentamos una suerte de declive o “sensación de final”. Quizás es por esto por lo que la anterior paradoja es factible, habitable.

L-A. Huyssen: “el boom de la memoria”.

El escenario actual plantea una tensión entre la necesidad de memoria y la necesidad de innovación (presupuesta como progreso, lo cual en realidad es ciertamente una falacia).

Disparidad: ¿Cómo conjugamos la política y la memoria? Política y memoria son en principio dos entidades que no pueden ser conjugadas. > política pertenece al campo de la acción, y la memoria pertenece a un ámbito más metafísico/identitario.

La memoria tiene evidentemente que tener que ver con la verdad. La política debería tener que ver con la “administración de la verdad” (expresión problemática). >> la justicia debe ser considerada como un tercer elemento aquí en discordia.

Al hablar de memoria hay que tener en cuenta a)que la memoria sirve para construir nuestras identidades colectivas. Es por ello insustituible y absolutamente necesaria. PERO construir la identidad es un proceso extremadamente complicado, y su proceso es extremadamente “poco fiable”, especialmente si se trata de la identidad colectiva. Y b)que cuando se habla de relato teleológico como modelo, encontramos elementos disonantes en los que parece que el relato se rompe y las cosas ya no cuadran; la recuperación de la memoria debería, claro, contar con la ruptura, con los elementos disonantes y negativos (sin falta). > parece que a veces se olvida este elemento de negatividad/ruptura, sólo porque se hace complicado el análisis.

La memoria como fundamentalismo político. > hay ciertos miedos con respecto a la memoria >> la memoria no es neutral. 2tipos de miedo: 1)miedo a la revancha 2)miedo a la ineficacia, o a la ineficiencia. :

1) miedo a la revancha : miedo de origen metafísico-moral. Tiene que ver con cómo relacionamos la memoria con el olvido y el perdón con la revancha. El olvido se parece en términos morales al perdón. Hannah Arendt: “La condición humana” > el perdón como mecanismo para solucionar algunos defectos de la acción humana (la cual es irreversible y descontrolada). Para que el perdón funcione, popularmente hemos incluido el olvido: el “perdono pero no olvido”. >> pero ¿cómo conjugamos conjuntamente el olvido y el perdón? la venganza no conviene, desde un pto de vista político.

Hay que romper con esa matriz moral de memoria-olvido venganza-revancha. ¿cómo? >> apuesta falibilista: cualquier estado de cosas que se postule (construya) es técnicamente revisable > debemos estar dispuestos a aceptar la revisión de cualquier creencia, pero no de forma arbitraria. >> memoria como herramienta identitaria falible > la identidad siempre es revisable.>> salir de la disyuntiva memoria-perdón exige reconsiderar la función de la memoria como herramienta identitaria falible.

La necesidad de respetar la dignidad de los dañados en el pasado es lo que nos hace tratar de construir una política de la memoria. > esto choca con al tendencia a la revancha o la venganza.

2)El miedo a la ineficacia (o a la ineficiencia). Quizás el aparato deconstruccionista para poner en duda el aparato de construcción identitaria colectiva es banal; pero se puede pensar en los soportes de la memoria > la memoria entendida como corpus de información vertido en un conjunto de soportes (documentos ficcionales documentos, gráfica…) >> se plantea aquí el valor de las artes (de lo que no es puramente documental), no tanto como soporte fidedigno de la memoria, sino teniendo en cuenta su valor moralizador y/o pedagógico. >>¿hasta qué punto este tipo de material es pedagógicamente válido? ¿realmente hay una respuesta espontánea adecuada moralmente, o este tipo de soportes necesita de algún tipo de pre-educación? >> disyuntiva entre una tesis de corte humeano y una de corte más ontológico.
C-“La lectora”

El juicio moral está recogido de forma histórica y contingente.
Cualquier proceso de recuperación de la memoria, desde luego es contingente >> peligro.

¿cómo formar al espectado lo suficientemente juicioso y desinteresado, que sea el paradigma del que puede enjuiciar el pasado y por tanto afirmar el presente.

L-Joan Carle Smelik
L-Fernando Bárcenas

Parece necesario imprimir en la gente una capacidad deliberativa: capacidad de no contagiarse por los discursos. A veces el discurso es correcto, pero no siempre>> por esto es clave la distancia (ej.: intento de Brecht). >> poner en marcha la sospecha que nos enseñó Nietzsche >>> proeso también Arendtiano de “colocarse por encima de” los discursos.

Un juicio situado no es un juicio. >> necesidad de conocimientos situados.

La memoria nos construye, pero también nos obliga a enjuiciarla moralmente.

Debemos aprender que la memoria-autoidentificación exige un juicio sobre sí.